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Antiguo 07-11-2009, 14:15
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Cimarron
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La mesa

LA MESA


Ese bar es clásico, lleva el mismo nombre de la localidad, “Las Tejas”
El local es parte de uno de los edificios de dos plantas bien construidos en pleno centro. Con seguridad cumplió los cincuenta años de edificado. Lo alquila desde hace muchos años don Roberto David, que ese es su apellido. Entre algunos amantes de la lectura lo apodan “Grandet”, el avaro de Balzac.
Su legal codicia logró quitar de la cultura del café, una clásica tradición, el convite; porque allí, solo en esa mesa del café; la rigurosidad en la cuenta, la exactitud de los centavos, prevalece; nunca una excusa siempre hay cambio, así el billete con que se paga sea grande. Si cae una moneda al piso de granito encerado y el cliente por no buscarla toma otra para pagar, Grandet no se lo permite, si hay que mover diez sillas hasta que aparezca, se mueven. La tacañería es el código de la mesa, inconscientemente todos actúan de la misma forma, pero solamente allí. La “mesa” en realidad, son cuatro y cinco pequeñas, iguales, que se juntan alineadas, con manteles uniformes e impecables y a distancias regulares se colocan algunos ceniceros. Esta instalación se ubica ingresando al local, en primer término, o sea en la vidriera de la calle, digamos que es la más social, se observa desde fuera y desde el interior indistintamente.
Separadas por tabiques de madera lustrada y vidriados, existen dos secciones más; en una de ellas, la siguiente corresponde a ocho o diez mesas chicas con troneras, en las que se juega al pool. En la pared de la izquierda están los bien surtidos porta tacos. A continuación y ya en el fondo del salón hay algunas mesas de juego redondas y con carpeta de paño en el centro; esa es el área del tute, truco y del mus. En la misma sección están dos mesas clásicas de billar. Como última instalación se encuentran los sanitarios.
Digamos que se trata de un teatro de operaciones de tres pistas. Algunos clientes frecuentan las tres; pero por separado, en esta oportunidad nos referimos a la primera a la de adelante, las otras dos podemos llamarlas deportivas, ya que se antepone la actividad al diálogo; cosa que no ocurre en la “mesa”.
El funcionamiento de esta es mañanero, están los asiduos que no faltan un solo día, los transitorios o eventuales y los de sábados y domingos, en total circulan entre veinticinco y treinta personajes; ninguno programadamente asiste acompañado de otro, se sientan y se levantan en el momento que lo consideran oportuno. Generalmente tienen cosas en común, caso contrario sería imposible convivir. Los parroquianos si tienen tiempo permanecen un rato más, que si se palpa en el ambiente algún tufillo raro; en ese caso parten antes. Grandet se ocupa de hacerlos sentir importantes; al verlos venir por la vidriera ya les prepara el café, té, cortado en vaso, la lágrima, cortado común, o lo que acostumbran. Es decir que con el saludo ya les llega el tentempié.
Ese conjunto se forma de conocidos, parientes, amigos, ingresantes presentados, todos tienen en común un grado de sociabilidad o coincidencias de alguna clase que los hace compatibles para alternar. Hay exdeportistas, industriales, profesionales, rentistas, desocupados, jubilados, empleados públicos y privados, todo muy equilibrado. Ese cambalache social favorece el ingenio en el desenvolvimiento personal. Son todos seres humanos, a todos le pasan cosas propias de los mismos. En ese lugar se intercambia solo compañía y un porcentaje de sentimientos variados. Algunos de nobleza y otros…
Flotan por allí cuernos, incumplimientos, delitos, estafas, usura. Toda la gama de las debilidades y virtudes de la especie, pues también las hay. Dentro de la mayor dignidad, nadie quiere dejar de enterarse de nada, salvo algún despistado al que le alcanza con sus propios problemas, pero se abstiene de aportar opiniones. Dentro del transito propio de esta mesa, hay oportunidades en que un único parroquiano queda a solas con Grandet; es allí donde aparece el enciclopedismo de éste. Su finísimo oído ha compaginado párrafos enteros de los distintos eventos, ordenando pequemos fragmentos de oraciones hasta lograr darle sentido y completar el contenido. Otras veces recibe del solitario parroquiano alguna versión completa de un hecho. Como el caso de la tercera mujer de Figueras, próspero rentista cuya única pasión es el poker; ella es fiscal en la Justicia Federal y posee un amigo más joven que su esposo, que le atiende los asuntos que éste descuida ostensiblemente. Esta señora y su amante, una tarde del mes pasado en clara contravención, se refugiaron en un hotel para parejas, de un pueblo vecino donde se ocultan los coches; entre su temperamento apasionado y la desarrollada humanidad masculina del hombre, debió ser trasladada a una clínica privada para hacerle una cirugía reparadora en el ano. Al reaparecer en su domicilio a las diez de la noche, esgrimió el libreto que le proporcionaran los médicos que la atendieron: “Un bajón de tensión y algunas horas de observación”, en oportunidad de visitar a una íntima amiga que vive en esa localidad. Esta era una exclusividad de Grandet gracias a una infidencia del doctor Linspick, a quien se lo comentara un colega que atendió a la accidentada.
Grandet permanece en la mesa lo suficiente para servir y cobrar, luego parece que no existe. No obstante ello conoce a todo el mundo en sus grandezas y sus miserias. Hace pocos días cumplió los ochenta años, a pesar de estar un poco caído de hombros, se lo percibe como de estatura alta y anchas espaldas. Su cabello plateado y todavía hondeado, al igual que sus blancos bigotes le otorgan cierta dignidad y aire de respeto. Tiene la memoria de los elefantes, pues él no participa, solo registra, en consecuencia no fabula ni se contradice. Además es quien abre y sierra la sala del teatro.
Solo en oportunidades intervine para disipar alguna duda entre dos posiciones intrascendentes, esto toda vez que haya quórum. Sin duda es el jefe tácito de ese serpentario mayor. La semana pasada, eran apenas las ocho de la mañana del martes, ni bien abrió la persiana metálica de enrollar ingresó Bruner, estaba lívido. Le solicitó un café doble. Gresst, un paisano suyo, también integrante de la mesa, lo había estafado en el equivalente a cincuenta mil dólares. El primero es prestamista, una especie de máquina de picar carne. Gresst le comentó que tenia el cheque de garantía firmada, para ir a buscar el dinero y de los nervios resbaló en el piso encerado produciéndosele una rotura de ligamentos en la muñeca derecha, estaba con un brazo enyesado, fue por eso que el texto del cheque estaba escrito con la letra de Bruner. Ni se le ocurrió pensar que Gresst tiene un hermano médico; el estafador solo estuvo ausente de la mesa un día, que ocupó en los trámites policiales para denunciar el robo de la libreta de cheques. Nadie lo vio enyesado. El cheque no se cobrará jamás.
Sin duda don David es el alma mater de este grupo. Por otro lado muy humano. Si bien sabe los resultados de todos los partidos del fútbol profesional, nadie sabe de qué equipo es simpatizante, lo mismo ocurre con la política, pese a sus conocimientos nadie sabe de quien es partidario.-
Ese martes el bar abrió como de costumbre; solo que quien atendía era Joselín, su hijo. Habitualmente atiende las mesas de pool y el juego de naipes. Dado el cambio, la mayoría de los parroquianos preguntaron por don David. Su hijo les informó que había tenido un pico de presión la noche anterior, que se hallaba internado haciéndose unos estudios.
A media mañana del miércoles, Joselín les pidió disculpas a los parroquianos pues iban a cerrar el bar; don Roberto David había fallecido.-
El negocio estuvo dos días cerrado, algunos integrantes de “la mesa” tardaron hasta ocho días en volver.
En distintas oportunidades Joselín le pidió a su padre que le permitiera atender esa área; indefectiblemente se encontró con la misma negativa. Esa mesa le pertenecía a Roberto David, pero nada es eterno. Había durado veintidós años. El cambio de conducción causó reformas, desapareció la mesa larga y en su lugar estaban las mesas pequeñas separadas con cuatro sillas cada una. Esto originaba cambios de aproximación entre los asistentes, pues en el sistema anterior se podían sentar distantes unos de otros, pero formando parte; la modificación obligaba a escoger compañía puntual.
Los cambios no tuvieron en cuenta a los actores. Desde la incomodidad para leer el diario, hasta la posibilidad de quedar en compañía no deseada; la misma rutina de los movimientos físicos había sido alterada.
En las distintas confiterías del centro se ven a los antiguos integrantes de “la mesa”, había finalizado una dictadura mayoritariamente aceptada, don Roberto David descansaba en paz.-
CIMARRON.



 
 
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