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| Literatura: Espacio dedicado a compartir informacion y entablar debates sobre literatura. |
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INOCENCIO PINO- Primera parte
Cuando todavía no es una ciudad, un pueblo de veinte mil habitantes tiene todo lo necesario para vivir peluquería, médico, tintorero, club, tiendas, comercios, barrio etc. Un pueblo así es Allen, pero distinto. Tiene la mayor cantidad de boliches al copeo por habitantes. Puede ser por tener una de las colonias frutícolas de mayor producción, casi ocho mil hectáreas- A nivel país, es uno de los mayores productores de yeso el cual extrae en piedras de sus canteras.
Es singular en otros aspectos poco comunes, por ejemplo en materia de delitos que hasta la fecha no se tiene noticias hayan ocurrido en el mundo. Así el caso de desenterrar el cadáver de una mujer y profanarlo sexualmente. Delito éste no contemplado en código alguno. Otra de las singularidades del pueblo es que su tamaño reducido y la cantidad de habitantes lo cual hace que todo el mundo se conozca y se trate. Pero en términos generales es una comunidad pacífica y laboriosa. De sus siete u ocho barrios tres de ellos son considerados realmente “pesados”, eso hace que no a muchos les encante recorrer los boliches de todos los barrios y andar de copas por ellos. Quienes se atreven son parroquianos que conocen y manejan los códigos y las conductas básicas de ese ambiente. Cabe destacar que los comportamientos mencionados no son responsabilidad de las personas del lugar, sino que el ambiente en general promueve determinadas conductas. El boliche en sí no es un lugar de fechorías, por el contrario allí adentro nunca pasa nada. Al revés de lo que sucede en las películas del oeste, el boliche es solo un lugar de encuentro y de intercomunicación., entre los distintos grupos de amigos o de aquellos con determinados intereses comunes. Ante una ausencia o falta de noticias de alguien que deja de frecuentar el lugar, sus amigos o colegas a través del boliche inician las acciones tendientes a restablecer las comunicaciones, como antiguamente ocurría con las postas y pulperías. En general se mantiene un diálogo normal sin música ni gritos; si por efecto del vino algún parroquiano levanta la voz, siempre aparecerá algún amigo comedido que lo invitará a tomar una copa a otro boliche y así despeja el ambiente; de paso los que están jugando a los naipes recobran la tranquilidad. En este escenario de los boliches, y como personaje principal está el bolichero, cuyo capital principal es la discreción puede tratarse del dueño o de un empleado, ese lugar no se puede ocupar para aprender, como máximo se cambia de lado del mostrador, y entonces un parroquiano pasa a ser barman.. Cualquier cosa del ámbito privado, buena o mala, se resuelve con un "Vamos afuera", ya sea una discusión, una pelea, una conversación muy reservada que sobrepase el carácter semipúblico del interior. La misma policía si se trata de agentes cancheros y saben que la persona que necesitan está en determinado bar, no entran a buscarlo, le hacen avisar que lo están esperando, de esa forma el interesado si anda armado distraídamente se limpia, le deja a algún amigo su medio de defensa y acude, ya que si lo han encontrado en ese lugar es porque tiene cuentas pendientes con las autoridades, cuentas que está dispuesto a saldar. En una palabra en el ambiente de lo boliches hay lugar para todo el mundo los que caminan en contramano y los que van por su mano, es un clima para beber, distraerse con una partida de naipes y hacer su vida, no son lugares de mucho análisis, interrogaciones o autocrítica.. Inocencio Pino. Pinito, era un hombre de cincuenta años un metro sesenta de [PM1] estatura, flaco fibroso, las venas abultadas parecían querer salirse de la piel, como cañerías a flor de tierra. De piel muy blanca y pelo negro con muy pocas canas, se peina con raya y usa el cabello largo, se deja un bigote ancho y entero que en su cara casi chica no quedaba mal.. Una cosa llamaba la atención y eran sus dientes parejos sanos y blancos, Pinito solía jactarse de no haber ido nunca al dentista, " Bicarbonato y limón nene", solía decir. Que si tiene antecedentes, sí Sumando todos los períodos que estuvo, según él, becado en la cárcel de Roca, totalizan cinco años y medio de sombra. Como todo tipo inteligente, sus causas siempre fueron lesiones; leves o graves, pero no es homicida. .Estos períodos de aislamiento de la sociedad los aprovechó ejercitando su capacidad para la lectura, conocía el código penal mejor que algunos abogados; era un maestro en las relaciones con la mafia interna del penal como con la de la calle .Un capo en relaciones públicas. En sus internaciones su principal preocupación era la duración de sus condenas y por consejo de viejos presos que jamás abandonarían el penal siempre mantenía buena conducta obviamente dentro de las normas de los presos Asimismo se especializó en artesanías varias. Desde cargar dados a "buena " o a "mala", hasta con los distintos naipes que no tenían secretos para él que supo aprovechar todas las posibilidades. Dominó todos los juegos, con él solían sentarse a jugar otro profesional o un obcecado que soñaba ganarle alguna partida. Era además un diestro calzador de tabas por su puesto con resultados programados de antemano. Su falta de aptitudes para el fútbol hizo que se acostumbrara a hacer gimnasia diariamente. Simplemente un rato, costumbre que mantenía preso o en libertad. En los ratos restantes en el penal, viejos cuchilleros lo amaestraron en el visteo y manejo del cuchillo no como arma de muerte sino como arma de defensa, el sabe que un par de planazos bien pegados en la cabeza enfrían al mas caliente.- No obstante, Pinito era un tipo tranquilo por naturaleza, educado en su trato y jamás alardeaba de nada, siempre correctamente vestido, mantenía la amistad con sus compañeros de la escuela primaria, algunos profesionales, otros fruticultores, todos en sus distintos quehaceres, que de ninguna manera lo esquivaban, Pinito se manejaba en dos mundos distintos. Con estos últimos se juntaba eventualmente en las confiterías del centro a tomar café, como hábito, no discutía ni porfiaba lo que lo volvía socialmente más potable. Aproximándose fin de año la repartición policial de Río Negro llevó a cabo ascensos y traslados. Al pueblo de Allen llegó trasladado de Jacobacci el oficial Héctor Díaz Castro, sanjuanino, que no conocía los pueblos del valle ni su idiosincrasia. Cuando cumplía dos meses en su nuevo destino conoció a Pinito. </SPAN> Editado por Cimarron el 05-11-2009 a las 18:43. Razón: Cometí un error de novato, perdón. Lo pongo de nuevo |
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Recien Llegado
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INOCENCIO PINO (Segunda parte) El sol se ocultaba y las sombras en el baldío del otro lado de la calle se habían alargado. El vino sino es manejado sabiamente no es buen compañero y en algunos se hacía notar. Entre los demás integrantes de la mesa estaba el indio Soto, el vino le hacia mal, no tenia buena bebida, seguramente le envidiaba el historial a Pinito, pero sobrio jamás le dijo nada. En un momento en que el bolichero se asomó a la vereda, Pinito le alcanzó un billete y le dijo "Cóbrame tres vueltas", en tanto se puso de pié y comenzó a despedirse como para retirarse, en ese momento comenzó este diálogo: – Te vas, quédate, toma otro vino – dijo Soto – En otro momento, ya me tendría que haber ido – contestó Pinito. – Sos un cagón. Sentate o no te querés juntar con los pobres, vos te vas a quedar por las buenas o por las malas – al decir esto, Soto intentó ponerse de pie. Viendo el carácter que estaban tomando las cosas y sabiendo que a Soto el cuchillo no se le caía de cintura. Pinito dio un paso largo hacia el centro de la ancha vereda y simultáneamente apareció en su mano derecha un cuchillo de regulares proporciones, digamos que no era chico. Soto trató de sacar su arma de la cintura, pero el brazo de Pinito, en forma de medialuna, partiendo de arriba de su hombro izquierdo dejó caer un tremendo planazo sobre el pómulo derecho de Soto, sin cortarlo, inmediatamente broto un enorme huevo color violeta. Pinito no interrumpió el recorrido del brazo, lo dejó bajar y lo subió dibujando un semicírculo, para estrellar nuevamente el cuchillo esta vez en el medio de la cabeza de Soto, simultáneamente, mientras las piernas se le aflojaban del golpazo recibido, por los pelos de la frente apareció un chorrito de sangre que le bajó hasta un costado de la nariz. Soto cayó sentado en el suelo sobre una de las piernas que se había doblado debajo del cuerpo. Todo el jaleo no duró mas de dos minutos.; se asomó el bolichero y le ordenó a dos curiosos, “llévenlo a Soto a la pieza de atrás, sáquenle el cuchillo y déjenlo en la cocina, vos Pinito dame el tuyo, seguro que en un ratito, nomás, algún vecino va a tocar pito”. Cumplidas estas primeras instrucciones Pinito volvió a sentarse. Las copas usadas fueron retiradas vino que le habían servido a Pinito que ni siguiera se había despeinado., solamente quedó un nuevo vaso de vino. Tuvo tiempo de terminar su copa antes de que estacionara, muy discretamente, un patrullero junto a la vereda que venía tripulado por dos agentes, el cabo primero Gómez que era chofer, y el jefe de guardia el oficial Díaz Castro; éste ingresó al bar mientras los dos agentes y el chofer permanecieron cerca de la mesa de Pinito que permanecía imperturbable. Pinito se dirigió al cabo primero y le dijo: – Gómez, vos me conoces bien. Si me van a llevar garantízale al oficial que voy solo. El policía le guiñó un ojo. Ya se habían juntado media docena de curiosos. Salió el oficial del bar y encarando a Pinito le solicitó los documentos de identidad. Pinito le manifestó: – No los tengo encima, pero yo estoy en el inventario de Allen – manifestó Pinito El oficial le comunicó: – Tiene que venir con nosotros. – Bien, pero le voy a solicitar que me permita ir solo caminando, el cabo me conoce. Antes de que el oficial reaccionara, el cabo primero, le habló discretamente al oficial. Este, le contestó: “de acuerdo” mientras su cara tomaba un tinte rojizo. Los policías se subieron al patrullero y el demorado o detenido inició la marcha caminando hacia la comisaría. En el transcurso del corto viaje el oficial hablando en voz alta comentó: "Quien mierda se cree que es este pelotudo". Llegaron a la comisaría juntos pues el coche dio discretamente unos rodeos para asegurarse de que el detenido no mentía. Cuando llegaron el oficial ordenó, que lo pasaran al calabozo. El policía que estaba de cuartelero era viejo conocido de Pinito, le preguntó: – Tenés problemas? – No – contestó Pinito. El calabozo estaba completamente a oscuras, le quedaba un solo cigarrillo. Dos horas después el oficial lo mandó a buscar. Cuando pasó por la guardia Pinito vio que sobre la mesa ya estaba su libreta de enrolamiento. Ingresó a la oficina donde el oficial se hallaba instalado frente a la computadora, después de ordenarle que tomara asiento comenzó a preguntar y a escribir: – Nombre – Inocencio Pino. – Edad – Cincuenta años – Profesión – Detective privado – Número de documento – No recuerdo pero esta mi libreta sobre el escritorio de la guardia. – Domicilio actual – Don Bosco n° 327- Allen. El oficial fue personalmente a buscar la libreta de enrolamiento de Pinito sospechando que este se lo tomaba todo en joda, y trató de encontrar mentalmente un artículo del Código de faltas para complicarle la vida. Antes de regresar a su oficina hojeó la libreta y vio que en el domicilio figuraba la calle Avellaneda s/n de Allen. Volvió rápidamente a su oficina. El detenido permanecía sentado inmóvil, El policía un tanto presa de la ira le dijo: – Usted me hizo escribir el domicilio de la comisaría y en su libreta de enrolamiento, figura que vive en la calle Avellaneda. Déme alguna explicación lógica ya que estoy perdiendo la paciencia. – Usted me pidió el domicilio actual, y como no se cuanto tiempo voy a estar detenido le di este que es el real. El oficial estudiaba al detenido a quien no se le movía un pelo, tomó el documento y lo tiro frente a Pinito diciendo:" Retírese, hágame el favor, que si pierdo la paciencia con seguridad tengo mas para perder que usted.- Sin duda no fue una experiencia agradable la del oficial Díaz Castro en éste primer encuentro con Pinito, pero tenían algo en común, la inteligencia y la observación. Rápidamente el policía fue adquiriendo experiencia, se dio cuenta de que al contrario de la línea sur de donde provenía, el uniforme policial en el valle y con la gente de cierto ambiente, como el caso de Pinito, no causaba ninguna superioridad, el sereno cinismo era el punto de partida para ubicarse ante cualquier circunstancia; por otro lado nunca había que sacar conclusiones apuradas y terminantes. Ávido lector, Díaz Castro aprendió a ubicarse, parecía que nunca tenía apuro. El mismo Pinito en una oportunidad comentó:" Ojo, este cana es ligero, lo pasas si él quiere." A los tres años, justo se estaban por publicar los ascensos y los traslados, Díaz Castro estaba de servicio, cuando la guardia recibió una llamada denunciando un hecho de sangre en el barrio Norte. El lugar queda justo en el límite donde termina el barrio y comienza una gran chacra contra las bardas, al llegar los uniformados distinguieron una casita mal iluminada, en la vereda, a una prudente distancia, se amontonaban algunos vecinos; serían las once de la noche. Antes de que llegara el patrullero una ambulancia y se había llevado a una persona herida de arma blanca, el herido había estado tirado en la vereda de tierra, donde quedó una oscura mancha de sangre de unos veinte centímetros de diámetro. Díaz Castro, se bajó del patrullero junto a dos agentes más y preguntó donde estaba el herido, y si sabían quien era. Uno de los mas comedidos le comentó que le parecía que el herido era Pinito, pero que no tenía la menor idea de lo que había pasado. El oficial, marcó con una rama seca la silueta de un hombre alrededor de la mancha de sangre y les recomendó a los presentes que no tocaran nada hasta que viniera el fotógrafo. Hizo una seña a su personal y el patrullero se alejó. Una rápida mirada le bastó para saber que allí no cosecharía ninguna información mas. Del grupo de curiosos se retiraron dos hombres mientras se alejaban por la vereda más oscura, comentaban en voz baja: “A vos como te fue, yo salí hecho. Yo también. Yo no me avivé de nada. Yo sí, el zurdo lo estaba marcando firme, ya le había llevado mil setecientos pesos y se avivó del cambio de dados, pero se quedó en el molde y se fue, se paró afuera a esperarlo. Pinito vio que en la mesa de pase inglés no había más plata, saludó y se retiró, cuando salió a lo oscuro, no lo vio, el zurdo estaba protegido por la espesa sombra de una acacia con el cuchillo en la mano y se lo mandó de un viaje hasta el cabo.” El oficial Díaz Castro, rumbo a la comisaría, le ordenó a uno de sus agentes, que bajase corriendo y volviera con la máquina de escribir de la guardia, que seguirían hasta el hospital. Llegaron y se bajaron rápidamente. En una sala contigua a los quirófanos, en una camilla estaba Pinito, sin ropa ni calzado, en su brazo derecho le habían canalizado un frasco de suero. La parte de la puñalada, había sido desinfectada con un líquido rojo, el resto del cuerpo estaba todo sucio de sangre. Estaba más pálido que de costumbre, la enfermera le dijo al oficial que ya lo pasaban al quirófano. Pinito estaba consciente y miró al policía, ensayó una sonrisa y se quedo con la vista fija mostrando su excelente dentadura. Había partido. El doctor de guardia le dijo a la enfermera “vamos a meterlo”, ésta movió la cabeza indicando que no hacia falta, los policías estaban prudentemente a un par de metros. El doctor dirigiéndose al oficial le dijo que las puñaladas en la ingle, como en este caso, la mayoría de las veces cortan alguna arteria importante y es cuestión de minutos que no se puede hacer nada. – Le puedo sugerir que deje el cadáver en el depósito para la autopsia que se efectuará mañana, yo le puedo firmar la defunción – agregó el médico. El policía agradeció y comentó – Igualmente la investigación del hecho va a continuar. A las once de la mañana del día siguiente, un policía se presentó en el domicilio de Pino para avisar a los dolientes que podían retirar el cadáver del hospital. La mujer de Pino se hallaba acompañada por tres de sus amigos. Ellos se encargarían de pasar por el corralón municipal a retirar el cajón de madera de álamo teñida de negro. Antes de salir en una vieja pick-up, le comunicaron a la mujer que lo traerían tapado; ella asintió con la cabeza ya que sabía lo que eran las autopsias del hospital. La vieja camioneta salió del hospital cargando la caja, en su interior iban tres hombres fumando en silencio. A ellos mismos en el corralón les avisaron la escasez que había de automotores para el acompañamiento. Contestaron que no hacia falta pues lo llevarían a pulso. Sobre una mesa grande que trajo un vecino, tapada con una sábana a modo de mantel, estaba el ataúd de Pinito; y a cada lado de su cabecera, paradas dentro de un platito de losa una vela encendida en cada uno. Así, permaneció en silencio, en una pieza desnuda, sin sillas, donde la pintura desteñida delataba la huella dejada por algún cuadrito o almanaque retirado para el evento de sus paredes. Desde el medio día hasta las seis de la tarde en que decidieron darle sepultura.- Iban solo hombres; lo llevaban a mano, no eran mas de veinticinco acompañantes, todos con las cabezas descubiertas, ninguno lloraba, la mayoría de los rostros parecían tallados con un escalpelo, sin pulir. El grupo no fue al cementerio por el camino tradicional, si no por otro, más hacia la orilla, Pino no tenía órbitas prefijadas. Varios automotores detuvieron su marcha a pesar de que el grupo solo ocupaba un costado de la calle y podían haberse adelantado pero no quisieron levantar polvo en señal de respeto. El cielo de la Patagonia, con sus atardeceres bellísimos y multicolores, a modo de capricho rindió su homenaje a Pino, cuyo cuerpo fue trasladado con los pies hacia el este, antes de que terminara el bamboleo de la marcha para entrar en la quietud física final . FIN</SPAN> |
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#3
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Ciudadano
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Es un cuento hermoso. Muy bien logrado. Tiene todas las características de un aguafuerte de los pueblos chicos/medianos de cualquier parte del país.
Algunos detalles gramaticales que se han de observar, se debe a la no muy buena visión que tiene mi amigo Cimarrón, producto de una lesión que data de varios años. Además ( entre nosotros y que él no se entere) , no le interesa demasiado lo que llama " el maquillaje". Para él, el relato es lo que ve dentro de su imaginación portentosa, y le da lo mismo si un punto o una coma quedaron fuera de lugar, faltan, sobran, etc. me dice " no hay tiempo para esas cosas de catedráticos",que otro se encargue de la perfección gramatical, aquí hay que poner porotos en la olla...y vaya que lo logra. Además , ( otra infidencia) es autor de al menos un centenar de relatos, todos de muy buena calidad, y gran parte de ellos basados en hechos de la vida real. Espero que lo disfruten y hagan algún comentario. A mi me gustó, al margen se trate de un amigo entrañable. Editado por Chesterton el 06-11-2009 a las 08:06. |
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